👉 La nostalgia no es volver al lugar, sino aceptar que uno ya cambió.
Por C.R.Luismël
Publicado originalmente en mis redes sociales el 5 de enero del 2022, por el aniversario de la ciudad de Iquitos
Viví en Iquitos entre 1985 y 1993.
Fueron apenas ocho años, solo ocho, pero bastaron para marcar una vida.
Mis recuerdos pertenecen a la infancia, ese territorio donde todo es más intenso: mis padres, primos, vecinos, tíos, abuelos; la escuela primaria y secundaria; las escapadas familiares a Quistococha, Corrientillos, La Pradera, Santo Tomás; el Nanay como horizonte constante; los clubes de la ciudad —Tennis, Caza y Pesca— y los paseos por los ríos, donde el tiempo parecía diluirse en el agua.
No viví los desenfrenos de mediados de los noventa. Me fui a los quince años, al terminar 1993. Mi Iquitos fue otro: más doméstico, más familiar, más contenido. No conocí «celebridades» ni personajes públicos, sino a quienes realmente están en la vida de un niño: la familia, los compañeros de escuela, los vecinos, los amigos del deporte. Y, curiosamente, años después conocí personas en otras partes del mundo que también habían vivido allí, como si Iquitos y el Amazonas siguieran hilando de manera invisible a la distancia.
Cada regreso fue una búsqueda, como quien busca algo perdido.
Una especie de intento por recuperar algo que había pasado demasiado rápido.
Como querer vivir lo que no viví y lo que otros me contaban.
Con el tiempo entendí algo esencial: no buscaba un lugar. Me buscaba a mí mismo.
Y yo ya no estaba allí. ¿Te ha pasado algo similar con algún otro lugar?
Y es que nada permanece igual. Todo tiene su momento.
Y aun así, Iquitos conserva una esencia que pocos saben explicar.
Ese “algo” en el aire que te atrapa, que te embriaga y te alucina apenas respiras, apenas bajas del avión o desembarcas en el puerto. Una mezcla de humedad, calor, vida y caos. Y la gente, con esa forma de ser propia de los lugares tropicales: directa, intensa, cálida e impredecible. La comida, los paisajes, los colores. Todo lo que conspira para que irse nunca sea sencillo.
Hay ciudades que se visitan.
Y hay ciudades que se quedan dentro.
A quienes nunca salieron de Iquitos.
A quienes nunca sintieron la necesidad de migrar.
A quienes lograron construir allí su vida y sentirse plenos.
Y a quienes, día a día, luchan por mantener a Iquitos viva, digna y moderna:
Mi respeto y admiración.
Feliz aniversario, Iquitos bonito. 🦜



