Aplaudo a la juventud en todo el mundo por salir a expresarse sobre este problema mundial.
Aunque creo que hay un detalle importante que vale la pena discernir. Muchos apuntan contra los rentistas o quienes alquilan propiedades, pero no siempre el problema es la persona que logró adquirir una segunda vivienda y la pone en alquiler para obtener un ingreso extra.
El problema aparece cuando existen acaparadores que compran propiedades en masa para convertir la vivienda en un mecanismo de dependencia económica. Y peor aún cuando grandes inversionistas o conglomerados internacionales adquieren enormes cantidades de inmuebles, elevando artificialmente los precios y reduciendo el acceso a la vivienda para la población local.
En algunos casos, incluso, existe dinero de origen ilegal o mal habido que es lavado internacionalmente mediante bienes raíces, contribuyendo directamente al incremento del precio de las viviendas y a la escasez de las mismas.
Mucho está funcionando mal en el mundo actual. Existen políticos fácilmente influenciables que terminan protegiendo más al gran capital que al ciudadano común.
En los Estados Unidos, por ejemplo, desde hace años se observan prácticas agresivas y depredadoras relacionadas con la compra de propiedades. Si eres propietario, puedes terminar recibiendo llamadas insistentes, mensajes de texto, correos electrónicos y publicidad constante ofreciéndote comprar tu casa, especialmente si detectan que atraviesas dificultades financieras. Y muchas veces no existe una forma clara ni efectiva de frenar ese hostigamiento.
Cada vez que alguien propone mecanismos de protección, inmediatamente aparecen acusaciones de “intervencionismo” o ataques al “libre mercado”. Mientras tanto, siguen aumentando los impuestos a la propiedad, aparecen nuevas cargas económicas, y heredar una vivienda empieza a convertirse en algo cada vez más difícil para muchas familias.
El problema no es que no existan tierras ni capacidad para construir más viviendas. El problema es la concentración excesiva de propiedades en pocas manos, muchas veces alimentada por dinero oscuro o por prácticas financieras alejadas de la realidad de la gente común.
Nuestros padres y abuelos pudieron acceder a una vivienda no necesariamente porque fueran más inteligentes o más trabajadores, sino porque vivieron en un contexto económico y social muy distinto al actual.
La gran pregunta es:
¿en qué terminará todo esto?
CRLuismël
